viernes, 1 de enero de 2010

These boots are made for... riding?

Supongo que los puristas de la equitación se llevaron las manos a la cabeza cuando a algún bienpensante se le ocurrió sustituir las preciadas botas de montar de cuero por una burda copia platiquera. Por muy parecida que fuese... porrrr favorrrrr, botas-de-plástico!!!! Pero, claro, la bota de cuero está muy bien cuando tienes un mozo de cuadra que limpie minuciosamente el barro. Para el resto de los jinetes, sin ayudante claro, es mucho más cómodo darle un buen manguerazo a las botas y punto.

A la vez, el común de los mortales hemos incorporado las botas de cuero, de estilos camperos varios, a nuestro día a día, encima de pantalones y debajo de faldas. Tan monas, tan estilosas, tan... adecuadas para ir a cazar, montar a caballo, dar una vuelta en moto...


El caso es que la bota de montar plastiquera está en todos lados... Decathlon incluido por 12,95 euros. Yo tengo unas de mi época adolescente, cuando montaba (un poco) a caballo, están casi sin estrenar y son plastiqueramente preciosas. Ha sido verlas -con un poco de inspiración callejera por supuesto- y pensar... en estos días pasados por agua... ¿por qué no sustituir las katiuskas (me da igual que sean hunter o de carrefour) por unas estilizadas y tan parecida- a las-de-cuero que casi no se nota botas de montar impermeables?
Yo lo he hecho y me encanta el resultado. Por 12,95... ¿por qué no?



viernes, 11 de diciembre de 2009

ROPA LIMPIA

Hoy toca remover conciencias. No se trata de ver lo mucho que relucen nuestras mejores galas con el último truquillo o de promocionar lavadoras, sino de aprender un poco sobre otras alternativas de consumo, más justas. Tenemos la responsabilidad de conocer el proceso de fabricación de la ropa que elegimos, y la opción de elegir la que se ajuste a criterios de producción sostenibles y más justos.

Así que con motivo de del Día Internacional del Migrante y del estreno en TVE del documental "Made in L.A.", la campaña Ropa Limpia- SETEM invita a la proyección del documental, ganador de un Grammy, en el Museo del Traje de Madrid el próximo lunes 14 de dicembre.

Quien no pueda asistir, tiene la oportunidad de escuchar el debate a través de la pagina web www.telemadrid.es.

¡Merece la pena!

domingo, 8 de noviembre de 2009

Aquí está la susodicha

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Esta semana compré el Vogue de noviembre y ojeándolo compruebo, con cierta estupefacción que el momento “Tú le das mil vueltas” en cuestión fue la producción de esta foto para un reportaje sobre la archifamosa Vogue Fashion Night Out y la modelo es Cristina Tossio . Me parece una foto cutrilla en general, y más para Vogue.

miércoles, 28 de octubre de 2009

¡Tú le das mil vueltas!

 

Lo que voy a contar es verídico, y merece ser compartido porque se aplica a todas y cada una de las mujeres que conozco (bueno, vale… al 99%). ¡¡¡Pero desde luego se aplica a las que vais a leer esto!!! Las que me conocen, se pueden ahorrar el siguiente párrafo, destinado a describir mi anatomía, pero lo incluyo por si acaso este blog cuenta con algún/a lector/a extra además de Lei, que siempre está ahí (¡¡Mil gracias, Lei!!!).

Soy normal. Normal, como la mayoría de las ventimucho añeras y treintaypoco añeras que te puedes cruzar por la calle un día cualquiera: no soy flaca, pero tampoco gorda, no soy un bellezón pero tampoco fea. Me preocupo por mi aspecto, y no me quejo del efecto final.

La cuestión es que ayer por la mañana, a las 10.00 am, bajé a tomar un café con dos compañeros de la oficina, a los que llamaré Compañero 1 y Compañero 2 (qué original…), ambos, típicos especímenes del género masculino. Justo en la puerta de la oficina nos hemos topado con un revuelo formado por una producción publicitaria en la que el centro de atención era una modelo rubísima, delgadísima y altísima.

Compañero 1, Compañero 2 y yo, nada más salir del edificio, hemos observado detenidamente a la modelo y el trajín de cámaras, luces y personas trabajando a su alrededor, para después darnos la vuelta y seguir nuestro camino. Antes de empezar a hablar, estaba yo esperando comentarios del tipo: “Menudo pibón” o “Te has fijado, macho, que tía”… Pues bien, ambos especímenes me han sorprendido muy gratamente diciendo frases del tipo:

-¡Qué tía más flaca! Si todas las modelos son así –que me imagino que sí- no me gustan nada.

- Y tanto tío, si es que no tiene ni tetas… Además, de tan delgada deja de ser guapa porque se le marcan demasiado las facciones, es como un cadáver.

Yo estaba a punto de responder que me estaban dando ganas de darles un achuchón a cada uno cuando de pronto llegó la “gran perla australiana” que me dedicaron inconscientemente, y que por extensión os han dedicado a todas vosotras:

-Vamos, que tu le das mil vueltas.

-Desde luego.

Ole, ole y ole. Y tanto que sí.

miércoles, 30 de septiembre de 2009

YA NO ME SIENTO (TAN) JOVEN

Durante un largo período, en concreto 11 años, me he sentido como que el tiempo no pasaba por mi persona, no tanto física como mentalmente. Lo cual no está mal, por cierto, porque pensaba –y sigo pensando- que la edad física viene determinada por la mental, si te encuentras joven ERES joven.

Yo me había quedado en los 22…. Lo sé positivamente, porque cada vez que llegaba a mis oídos que alguna amiga salía con un tío de 34 ó 35 años, instantáneamente lo catalogaba como un viejo. Me costaba unos segundos darme cuenta de que estábamos hablando de una persona muy cercana en edad…

De repente, el peso de estos 11 años ha caído como una losa sobre mi conciencia. Porque acabo de darme cuenta de una cosa: cada vez me siento menos capacitada para justificar mis errores en la falta de experiencia. La falta de experiencia que va aparejada a la juventud, se entiende. Con 33 para 34 años, esta justificación ya no me vale. Si meto la pata me molesta, me atormenta y no encuentro más consuelo que el aprendizaje que el error conlleva. Hasta ahora, los errores en general no traían aparejada una conclusión más profunda que el “esto ha ocurrido por esta razón” y el “no puede volver a pasar”. Ahora entra la variable “esto no debería haberme pasado”. Y por qué… por que ya soy mayorcita, ¡joder caracoles!

¡¡¡¡Ciao, 22!!!!

lunes, 27 de julio de 2009

Subidón pre-playa

Sabía que no era la única con pelo indomable… Ana pelo-impecable García-Siñeriz subiéndose al megayate con unos bucles dignos de Ricitos de Oro.

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domingo, 12 de julio de 2009

DIME DE QUÉ SE TRATA, QUE ME OPONGO

No sé si la frase que encabeza esta entrada es un refrán, un dicho popular o simplemente una frase que decía mi madre, pero el caso es que me encanta y la uso muchísimo.

La cuestión es que no comprendo porqué en las revistas sobre psicología que te encuentras en las consultas del médico (a la que soy un poco más asidua de lo habitual últimamente, razón por la que surge esta mini-reflexión) o en los suplementos dominicales femeninos (sobre todo) dicen que hay que aprender a decir que no para ser feliz, si NO es de lo primero que se nos ocurre decir en múltiples situaciones.

Número 2 sin ir más lejos, un bebé que tiene 19 meses y apenas balbucea unas pocas palabras, ya sabe oponerse de todas las maneras posibles: niega con la cabeza, vocaliza el monosílabo NO con meridiana claridad y mueve el índice de un lado a otro con ademán reprobatorio. Incluso, si su afán por manifestar su disconformidad es urgente, hace las tres cosas a la vez y repetidamente. El “no” lo suelta en series de a tres, llegando a contar en una ocasión 18 noes seguidos.

No, no, no [pequeña pausa de un nanosegundo] no, no, no [pequeña pausa de un nanosegundo] no, no, no [pequeña pausa de un nanosegundo], no, no, no [pequeña pausa de un nanosegundo]….

Número 1, muy precoz con el lenguaje, tenía el término controlado desde antes de cumplir el año. El SÍ, en cambio, le costó hasta, más o menos, los dos años. Cuando quería asentir, lo que hacía (muy original, ella) era repetir aquello que merecía su asentimiento. Os pongo un ejemplo. Si le decías:

-¿Quieres chocolate?

Contestaba:

-Chocolate.

En cambio si le decías:

-¿Quieres pescado?

Contestaba, claramente:

-No.

Yo misma, y de acuerdo con Mi Propio, siempre digo que no a todo por defecto, como si dentro de mí saltase el resorte de la contradicción antes incluso de digerir lo que él está diciendo. Esto no se lo voy a discutir, mira tú por donde, pero voy a aclarar que si lo hago es porque la libertad de pensamiento es un bien muy preciado y si pienso exactamente lo contrario, expresándolo estoy ejerciendo mi libertad, aunque me equivoque (algunas veces) en mis apreciaciones. Vamos, que no le llevo la contraria sólo porque sí. Y meto la pata a veces, sí, pero tengo razón otras muchas, aunque sea de chiripa. Pero claro, él sólo se acuerda de las primeras.

Volviendo al tema de “Aprende a decir que no en cinco pasos”, y ahora en serio, lo cierto es que cuando te piden algo, y tienes tiempo para meditar la respuesta, es muy difícil negarse. Los que pretenden enseñarte las bondades del no, deberían ser más sinceros y explicarte los daños colaterales para que, estés preparada, si decides ser la más franca, la más libre, la más yo-para-ser-feliz-tengo-que-ser-yo, a:

-Perder amigos que no son capaces de digerir el rechazo.

-Perder tu autoestima con la respuesta del rechazado.

-Perder a tu chico.

-Perder hasta el cuello de tu camisa.

Porque, reconozcámoslo, no todos valemos para todo. Y para decir que no, hay que valer. Si lo dices con inseguridad, se te nota, y pobre de ti, porque el interlocutor sorprendido, en legítima defensa, se tirará a degüello para restablecer su dignidad herida por el rechazo. Es como tirarse de cabeza a la piscina sin conocer la técnica, que te pegas un planchazo. Conozco a pocas personas inmunes al no, pero las hay, aunque sean pocas. Pero seguramente el objeto de tu rechazo, una vez que te decidas a decir que no, no sea de esas personas.

Sólo hubo una situación en mi vida que dije no de manera taxativa a una cuestión muy concreta. En retrospectiva, toda la situación era bastante intrascendente y me hubiera dado igual ceder. Pero había una única razón que hizo que me mantuviera en mis trece: me daban igual las consecuencias y creía estar en posesión de la razón. Y me salió bien, pero ni he ganado nada, ni me siento especialmente orgullosa, y ni siquiera fue un “momento histórico” para recordar. Vamos, que no mereció la pena la que monté.

En general, con el no se arriesga. ¿Y merece la pena hacer de tu capa un sayo teniendo en cuenta los daños colaterales? Depende. Personalmente pienso que NO. Me conformo con que mi Propio se cabree como un mono con mi contradicción inconsciente.